Cuando el cuerpo se defiende

Cuando el cuerpo se defiende

18/12/2025 - Una mirada psicosocial de las enfermedades autoinmunes.

Por Terapeuta Marisol Petti – Couseling, psicología social y Salud Integral.-

 

Vivir con una enfermedad autoinmune no es una cuestión de actitud ni de voluntad. Es convivir con un cuerpo que se inflama, se agota y cambia, mientras desde afuera todo parece normal, comprender lo que realmente padece una persona con una enfermedad autoinmune puede abrir el camino a una mirada profunda, humana y empática.

Existen cuerpos que parecen quietos, pero por dentro libran una batalla silenciosa. Cuerpos que duelen, que pesan, que se cansan sin razón aparente. Cuerpos que no responden como antes, y mentes que se nublan, se confunden, se apagan. Así viven muchas personas con enfermedades autoinmune, donde el sistema inmunológico ataca al propio cuerpo, alterando su función y provocando un desequilibrio hormonal que afecta todo el organismo: el metabolismo, la energía, las emociones y hasta la forma en que pensamos.

De pronto, lo cotidiano se vuelve extraño y arduo, cuesta concentrarse, mantener una conversación o recordar tareas simples. A veces el cerebro parece “desconectarse” por segundos; otras, las emociones cambian sin previo aviso. Se puede pasar del llanto a la irritabilidad, del silencio a la explosión. Y todo esto no es se trata de mal carácter o nervios, sino es el reflejo de un sistema hormonal alterado.

El entorno de persona con una condición autoinmune no logra advertir las dificultades que la enfermedad acarrea, por eso esbozan frases como: “Estás así porque querés”, “Si te distraés, se te pasa.”  “y si le ponés ganas.” Pero quien vive cotidianamente con un cuerpo que duele más de lo que se puede explicar, no necesita motivación: necesita comprensión. Porque hay días en los que simplemente el cuerpo no obedece y la mente no acompaña. Donde caminar duele, pensar cansa y hasta hablar se vuelve un esfuerzo.

Las enfermedades autoinmunes no son solo un problema médico, si no que impactan en la identidad. La persona siente que ya no es la misma, que su cuerpo, su energía y hasta su forma de pensar cambiaron. Aparece la frustración, la culpa y el miedo que cuando los demás descreen, el dolor se duplica.

 

Para acompañar se requiere una mirada integral: entender que el cuerpo y la mente son un todo. El sistema inmunológico no se rebela sin motivo. A veces refleja años de tensión, de sobreexigencia, de intentar sostener más de lo posible. No se trata de culpar, sino de reconocer que la enfermedad puede ser también una forma del cuerpo de decir: “basta, necesito que me escuches”.

El trabajo terapéutico consiste en reconciliarse con el propio cuerpo, en comprender que no es un enemigo, sino un aliado que está pidiendo otro ritmo. Aprender a bajar las exigencias, a descansar sin culpa, a poner límites, a pedir ayuda, a aceptar los días en que simplemente no hay fuerzas.

Las enfermedades autoinmunes despiertan para enseñarnos, de manera dolorosa, que la fortaleza no siempre está en resistir, sino en aprender a detenerse. A veces el cuerpo no se equivoca: simplemente elige el único lenguaje que le queda para ser escuchado.

Y tal vez el comienzo de la sanación llegue cuando dejamos de luchar contra nosotros mismos y empezamos a tratarnos con la misma empatía que siempre tuvimos hacia los demás.

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