Derribando mitos de la hipertensión

25/03/2026 - Ni caramelos ni feta de jamón. Frente a las creencias más comunes sobre a la enfermedad Fernando Sito expone las variables multicausales que hay que tener en cuenta para prevenir, concurrir a consulta médica o controlar la misma. Desde las comidas, el estrés y las horas de sueño a las causas más conocidas inciden en nuestra salud.
El médico cardiólogo especializado en medicina del estrés y terapista, Fernando F. Sito, expone los factores más importantes frente a la hipertensión.
Las personas tienden a improvisar ante la alerta que pueda generar alguna situación frente a alteraciones en nuestra tensión cardíaca, recurriendo a creencias que suponen que se está haciendo bien, desde dar caramelos a un sándwich de jamón.
Para dilucidar esos mitos, está la ciencia, y el médico bolivarense parte de aclarar lo que no sabemos, nuestra ignorancia, ya que “uno a veces se maneja con preceptos”. Aclara que “la ignorancia mata, y la ignorancia no está acompañada de un mayor nivel de estudios”, sino de saberes debidamente fundados en preceptos científicos que hacen a la prevención y/o tratamiento de las enfermedades.

Relata la historia de un viejo conocido, un enfermero ruso que emigró a nuestro país, quien, en base a sus conocimientos adquiridos en la educación primaria, pudo tener herramientas para manejar su enfermedad. De ahí que, para Sito, “todo lo que es preventivo, todo lo que es primeros auxilios, se debería aprender cuando nos enseñan a leer en la escuela”. De allí que la ignorancia se debe remediar con una educación básica, con “un Estado presente, que iguale hacia arriba, en generar el autocuidado, en crear toda la medicina preventiva, y hoy estamos discutiendo las vacunas, digamos que es retroceso”. En ese contexto “hay muchísimo desconocimiento; si nosotros hablamos de la población con presión arterial alta, se calcula que el 50% de las personas son hipertensas, no lo saben porque no se controlan, o los controles son obsoletos”. Refiere que hace 20 años que se dejaron de recomendar los esfigmomanómetros de relojitos, “porque la Asociación Internacional de Hipertensión dictaminó la necesidad de usar equipos automáticos de brazo, validados por la Sociedad Británica de Hipertensión. Sin embargo nos encontramos con que colegas, médicos, enfermeros, disponen de esos equipos y no los utilizan, ¿por qué?, porque no les creen”. Especifica que el primer mito a derribar es el de la ignorancia, “porque que yo tenga cinco títulos universitarios no me convierte en un no ignorante”, determinando que puede ser especializado en un tema y conocedor de muchos temas médicos, en los que “mi opinión podrá tener un poquito más de valor que el de Doña Rosa, pero no más, voy a aplicar el sentido común, como lo puedo orientar, pero tengo que tener claro mis limitaciones. Mi libro de cabecera es Los curanderos mis colegas, de Samuel Tarnopolsky, en el que él habla del curandero analfabeto al chanta diplomado, el curandero analfabeto es aquel que lo hace de corazón, que cree en lo que hace, y utiliza muchas cosas, incluso el efecto placebo”, una práctica bastante menospreciada en la profesión. No obstante, “es algo excelente, ¿por qué?, porque significa que si vos confiás en la relación y confiás en lo que yo estoy haciendo, el efecto va a ser muy beneficioso”, en ese contexto, volviendo a que “hay que educar, porque si me preguntan de ginecología, voy a ser un chanta, puedo opinar, puedo orientar, yo leí, pero es sentido común más que nada; pero de hipertensión sí, porque soy especialista y en sus factores de riesgo”.
El especialista en EMDR resume que la mitad de la población desconoce su condición de hipertenso por ausencia de controles; de los que se han diagnosticado, “el 50% se trata, el otro 50% no lo hace, y del 50% que si lo sabe, y si se trata, solamente el 50% está controlado; así que la hipertensión arterial, es y debería ser una política de Estado”.
Un factor que subraya Sito es la condición plurifactorial de la hipertensión, más allá de la medición del día, sino ponerlos en contexto y darle seguimiento. En el proceso, él considera una guía sugerida por la Sociedad Americana del Corazón, desde el estado emocional, el consumo de sal, la falta de actividad física, horas de sueño, tabaquismo, nivel de azúcar, entre otros, tratándose de una totalidad que “tenemos que observar, y desde ahí, vamos a hacer un diseño de controles, periódicos, seriados, validados, y así se llega al diagnóstico. La hipertensión no es solo un número, es una entidad de riesgo”, en el que a la cabeza de las guías de prevención se encuentra lo mental. Allí se incluyen “elementos que conspiran contra una buena salud, o que son indicadores de una salud emocional, psicoemocional comprometida, que son la ansiedad, el estrés social, el estado de hostilidad e ira, la depresión, el pesimismo, y el aislamiento social, fundamentalmente la calidad del vínculo”, sostiene.
La asintomatología de la hipertensión tiene su parte; sin síntomas, “para qué voy a ir al médico”. Él lo vincula a viejas prácticas y conceptos, que desde la ciencia los derriba. Por ejemplo, a cuánto se considera presión alta, cuándo es necesaria la intervención médica y qué factores prevalecen. “Cuando era chico, el médico revisaba a mi abuelita, su presión era de 120-230 y le decía que era normal para su edad. Durante mucho tiempo se confundió lo habitual con lo normal, porque lo habitual es que el ser humano a medida que envejecemos, las personas con presión alta aumentan, entonces se confundió que eso era normal, el mito de lo normal”. Observa que “acá se confunde lo que es la medicina preventiva, una medicina de análisis poblacional, de probabilidades y cuando yo tengo al paciente aquí delante una es una medicina personal, si yo no puedo trasladar lo poblacional a lo personal probablemente pasemos de la prevención al prevencionismo que es generar más enfermos de los que hay; todo el reduccionismo es un extremo”. “Yo soy científico, por lo tanto si tengo datos que observar”, establece. Y con ellos “planeo y paneo rápidamente sobre toda la prevención, tengo que ver qué está haciendo ese sujeto, cómo están sus valores esenciales y ahí ya tengo un panorama”, sobre los que se determina el control posterior y las futuras visitas al consultorio.
Hay factores que parecen periféricos pero que son determinantes, como el sueño, “nos hemos acostumbrado a dormir poco en lugar de las ocho horas diarias”.
En definitiva, para el cardiólogo, “siendo mayor de 17 años, cualquier medición que supere los 135/85 va a ser alto, eso no implica que haya que desgarrarse las vestiduras, pero sí algo para observar. Para comparar, cualquier persona que se toma la fiebre y tiene 40°, hace una consulta al médico, lo mismo tenemos que hacer con la presión”. Ese, según Sito, “es un marcador, nada más. Después nos sentamos a conversar de todos los ocho indicadores esenciales y vamos a seguir con el diagnóstico”.
El control de la presión arterial debe realizarse periódicamente y por alguien que tenga los elementos estandarizados. Como ejemplo, “si tenés un auto y le ponés 33 libras de presión a las gomas, al poco tiempo lo volvés a controlar por si cambió. Apliquemos el sentido común, si sabemos que la presión de las gomas puede variar, lo mismo la presión del individuo”, define.
Como recurso de urgencia, “cuando una persona tiene presión baja y está mareado, hay que acostarlo, levantarle las piernas y darle algo dulce, en tanto los hipertensos, se debe revisar la ingesta de líquidos, porque generalmente están deshidratados, fundamentalmente los mayores de 60 años. Y si las situaciones son reincidentes, debe hacerse la consulta médica”, concluye el cardiólogo.


