Hablemos del UPD y la sociedad actual

17/04/2026 - Los estudiantes y los festejos durante el último año de estudios. La opinión de padres, profesionales de la salud, egresados y la institución escolar sobre un tema que ha generado opinión y preocupación en los últimos años.
Por Melina Gómez
En el último año de la secundaria, más allá de la formación de contenidos, una de las tareas de las y los estudiantes es la organización de las fiestas para despedirse del sistema educativo obligatorio. El tema genera diferentes opiniones en jóvenes y adultos y la introducción en el mismo y en sus protagonistas, puede ampliar la percepción. Por eso, cinco testimonios, desde distintos roles, sobre adolescencia, la escucha, la violencia y la comprensión.

A las fiestas que organizan las y los jóvenes en el transcurso del último año de escolaridad, las denominan por siglas: Último primer día (UPD), Presentación de camperas (PDC), Últimas vacaciones de invierno (UVI), Última semana del estudiante (USDE), Última Semana Santa (USS) y Último último día (UUD). Además, está la bienvenida de 5º a 6º año y las fiestas Promo que se realizan en un boliche con el cual las y los estudiantes firman un contrato anual.
Una joven que egresó en 2025, a un año de ser Promo, reconoció que siente nostalgia al pensar “en todo lo que pasó el año pasado”. Aseguró que “fue sin dudas de los mejores años de mi vida, la organización nuestra no fue tan buena para el UPD porque alquilamos un lugar que no tenía habilitación y nos echaron. Después nos acomodamos mejor para las demás”.
La ahora estudiante universitaria, resaltó que durante el último año de escuela “en el aula, en las jodas, en las fiestas Promo y en todos lados, estuvimos muy unidos como salón y disfrutamos mucho todos juntos”.
Por otro lado, en cuanto al consumo de alcohol marcó que “no nos medíamos y podría haber terminado mal”. También, sobre casos de violencia que se dieron por la competencia entre las diferentes instituciones, afirmó que “no estuvimos involucrados porque no nos parecía bien”.
Por último, ante la consulta sobre cómo debería trabajarse el tema con los jóvenes, sostuvo que “deberían hablar más entre Promos y no hacer diferencia por la escuela que vas o por la fama que tenga”.
En tanto, una estudiante que egresa en 2026 y vive su último año de escuela, reconoció que la organización del UPD resultó “bastante bien, fue buena, no hubo tanto problema como en años pasados y nos gustó que cuando fuimos al mástil nos dieron caramelos y agua”.
Tal su palabra, en 2026 no se dieron hechos de violencia física pero sí verbal: “estuvo todo tranquilo, sí hubo gente con exceso de alcohol que se iban a sus casas o los pasaban a buscar alguien mayor”, describió. En el mismo sentido, sobre la presencia del alcohol en las fiestas que organizan, dijo que “pienso que está bien, pero hasta ahí no más, también hay límites”.
Al igual que la joven que egresó en 2025, la estudiante consideró que los espacios de charla son necesarios para tratar el tema, sin embargo, “a veces no llegan a nada y siempre pasa lo mismo”, aseveró.
Por su parte, la madre y el padre de una egresada de 2025, definieron que en el último año de la secundaria “ellos buscan cerrar la etapa, es un acto de duelo y está bueno buscar momentos para estar presente, poder charlar, si se genera una rivalidad entre escuelas, poder pensarla, no otorgarle dramatismo, pero tampoco dejarlo pasar”.
Como padres de una adolescente, mencionaron que “la única arma que nos queda es la palabra, después queda la confianza. Cuando empiezan a manejar la libertad, cometen errores y está muy bien, son cosas que naturalmente suceden. El tema es poder seguir estando presente para que ese error no lo vivan con culpa y tampoco minimizándolo”.
De esta manera, a cada fiesta que asistía su hija, esperaban que las decisiones que tome sean “las más acertadas” y que “no se exponga, que se cuide”. Al referirse a los consumos problemáticos, la madre marcó que “no se puede negar que hay consumo de sustancias y no vamos sobre el lugar punitivo de decir que no haya UPD. Se apunta a que puedan elegir y que traten de ser conscientes hasta dónde llegar para que eso no sea algo que termine mal, traiga complicaciones o se vean envueltos en situaciones complejas”.
“Es necesario poder involucrarnos y acompañar a los chicos. Hay cosas que las tienen que transitar, necesariamente la edad tiene que ver con eso, pero necesitan que haya alguien atrás que los escuche, que no los juzgue, que encuentre el momento de poder charlar con ellos sobre lo que les pasa, lo que sienten”, agregaron.
A modo de conclusión, los padres sostuvieron según su experiencia que “la escuela es el espacio por excelencia social, es fundamental y no va solo en lo formativo del contenido, también está todo eso otro que sucede. Los chicos no quieren sermones, ni una mirada punitiva, desde ese lugar vamos a encontrar rechazo y negación. Lo que ellos quieren y están todo el tiempo buscando, es poder hablar y que no haya una condena. Es acompañar escuchando y escuchar sin caer en lo moralmente o lo éticamente correcto, es apuntar a la reflexión”.

Orta de las voces consultadas fue la de Victoria Guerricagoitia quien, desde su rol como psicóloga, también hizo hincapié en la habilitación de espacios de escucha para evaluar las demandas que aparecen de parte de las y los adolescentes.
“Las fiestas que se arman a lo largo de todo el año desde las Promos, tienen el estatuto de ritual simbólico que marca el fin de una etapa y cada celebración se afianza en relación a la importancia de dar lugar a una nueva. Está bueno que las y los jóvenes encuentren su lugar de la mano del acompañamiento adulto, de las familias y de las instituciones educativas a las que pertenecen, eso es fundamental”, expresó.
A su vez, destacó las medidas de políticas públicas que se suman a la iniciativa “desde una mirada amorosa y desde el acompañamiento, entendiendo que son rituales que están instalados y no se trata de no darle lugar, prohibirlos o aportar una bajada de línea punitiva. Es plantear un acompañamiento desde el cuidado, el apoyo, la reducción de riesgos y daños, escucharlos, estar, brindarles agua. El desafío es seguir habilitando y generando espacios en los que los jóvenes puedan hacer circular la palabra, plantear qué les pasa, qué sienten, qué quieren, brindarles orientación vocacional para que puedan armar el proyecto que mejor les resulte una vez que terminen la escolaridad secundaria”.
La psicóloga repasó también cómo atraviesa el consumo a las nuevas generaciones y dejó en claro que “no podemos obviar la sociedad en la que estamos inmersos, independientemente de la edad que tengamos, estamos en una sociedad de consumo de pantallas, de azúcar, de sustancias nocivas, actividades, juegos. La inmediatez muchas veces viene a llenar esos ‘agujeros’ de la ansiedad de la época y propone esas ‘soluciones mágicas’. La problematización es mucho más amplia. No solo es el consumo de alcohol, consumimos todo y todo el tiempo, desde que nacemos, y todos debemos hacer una autocrítica, no como una cuestión exclusiva de los jóvenes”.
Desde su cargo como Jefa Distrital de Educación de Bolívar, Luján Berdesegar definió que el UPD “no deja de ser un ritual que empezó por fuera de las instituciones educativas, fuera de las escuelas, y de a poco nos fuimos involucrando todos. Desde la Dirección General de Cultura y Educación decimos que es un registro de memoria y de recuerdo, para pensarlo en políticas de cuidado”.

“Es un espacio que desde educación nos tenemos que involucrar porque están nuestros pibes y la comunidad educativa, y las políticas de cuidado es con otros para poder generar lazos y no rupturas, que también sea algo lindo y no un conflicto que después tengamos que abordar en las escuelas”, completó.
Así, tal la palabra de Luján, desde diciembre se trabaja en la organización del UPD con las y los estudiantes que asisten a 5º año de la secundaria y a partir de febrero es un tema de agenda del que participan inspectores, directivos y las familias.
“Tratamos de que en educación tengan las condiciones para poder alojar y recibir a nuestros estudiantes de la mejor manera, con los mejores vínculos. Es una triada importante entre educación y escuela, estudiantes y familias, porque nos preocupa lo mismo que le preocupa las familias, por eso trabajamos en forma conjunta”, marcó más adelante.
En ese sentido, Berdesegar mencionó las campañas que se realizan junto a las áreas municipales el día del UPD. “Tratamos de que existan los menos conflictos posibles, que no haya situaciones que después tengamos que lamentar y opaque ese recuerdo que los chicos están buscando”, señaló. Además, indicó que durante el año se organizan diferentes actividades y se tiene en cuenta que las Promos son “miradas” por estudiantes de los otros cursos y la comunidad educativa en general.
“Está bueno que esa construcción sea colectiva, con una mirada cuidada, de respeto y amorosa. Hay documentos específicos de la Dirección General de Cultura y Educación, se trabaja desde una bienvenida, la continuidad, organizar los rituales de despedida y recibimiento que incluyan a familia, a los estudiantes de 5º y 6º año”.
Por otro lado, sobre la presencia de la violencia en ámbito educativo, Luján afirmó que “lo que sucede en la escuela, sucede en otros lugares, la lupa está en los jóvenes, pero, ¿cuánto hacemos los adultos para que estos jóvenes no lo hagan? Trabajamos en cómo evitar y prevenir esto adentro de las escuelas, sabemos que sucede por fuera. A veces llegamos tarde, lamentablemente, pero en el hacer estamos mirando mucho a los chicos, especialmente trabajando fuertemente con la alianza de la familia. Falta una palabra que es la reparación. Si todos somos conscientes que, en cualquier acto de dolor, de violencia, hay una reparación después, ayuda bastante no solo a aliviar el dolor del que vive la situación, sino también a ser ejemplo y pensar que todo acto tiene una reparación de dolor. Hay que reparar lo que se rompe, romper algo adentro de la escuela implica que se rompe algo que tenía una identidad, un porqué, un sentimiento. La reparación tiene que tener un valor por encima de lo que se rompió”.
Por último, relacionó el tema con el proyecto de ley de la baja de la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años. “El problema no es bajar la edad, no planteo la disputa en la gravedad de cada situación porque no quiero deslegitimar el dolor que sufre cualquier familia cuando hay situaciones legales con jóvenes. Tenemos que tener una mirada más amplia y superadora, bajar a 14 años la edad implica que estamos llegando tarde”, opinó.
La responsable de la jefatura distrital agregó que “bajar la edad es parte de una propuesta que se piensa para poner un límite y nos tenemos que hacer cargo todos que estamos llegando tarde. Es más fácil poner la mirada en el joven y bajar la edad que pensar qué estamos haciendo desde las políticas públicas para acompañar y dar los recursos que se necesitan para que esto no suceda.
Un estado nacional que le recorta educación, está recortando a los pibes, no le está recortando a una provincia, a un municipio o a una escuela. Están castigando a las escuelas con la falta de recursos. No tenemos los recursos humanos ni materiales para mejorar las prácticas educativas y la calidad educativa dentro de las escuelas”, terminó.


