La barrera de los 50

La barrera de los 50

26/02/2026 - Definidos como población adulta en transición. ¿Cómo adaptar hábitos para envejecer con salud sin medicalizar la vida?

En Argentina, según el INDEC, hay más de 14,3 millones de personas entre 50 y 64 años, casi un tercio de la población total. Esta generación —lejos de ser "anciana"— enfrenta una etapa de madurez con cambios fisiológicos reales, pero también con oportunidades para ajustar hábitos que impactan en la salud a largo plazo.

Según la OMS el 70% de los factores que contribuyen a una longevidad saludable están relacionados con el estilo de vida, no con la genética. Esto no significa que los 50 sean una "edad límite" para cambiar, sino una oportunidad para incorporar ajustes progresivos basados en evidencia.

¿Qué hábitos merecen reconsiderarse?

Sedentarismo acumulado: La OMS advierte que cerca de 1.800 millones de adultos en el mundo corren riesgo de enfermedades por inactividad física. A partir de los 50, la pérdida gradual de masa muscular (sarcopenia) se acelera si no hay estímulo físico regular. Pero esto no significa "correr maratones": la clave está en la constancia, no en la intensidad extrema.

Alimentación ultraprocesada como norma: El consumo habitual de alimentos con alto contenido de sodio, azúcares añadidos y grasas trans incrementa el riesgo cardiovascular. La Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG) recomienda priorizar alimentos integrales y reducir progresivamente los ultraprocesados, sin caer en dietas restrictivas extremas.

Consumo excesivo de alcohol "social": La American Heart Association señala que el consumo regular de alcohol —incluso en cantidades moderadas— puede afectar la presión arterial y el metabolismo a partir de los 50 años. No se trata de prohibir, sino de reconsiderar la frecuencia: ¿es necesario beber todos los fines de semana?

Aislamiento social progresivo: Estudios recientes vinculan el aislamiento social en adultos mayores con mayor riesgo de deterioro cognitivo. Mantener redes activas —amistades, grupos comunitarios, actividades compartidas— es un factor protector tan importante como la alimentación o el ejercicio.

 

Hábitos a incorporar

Actividad física regular, no heroica: La OMS recomienda para adultos de 50 años en adelante:

  • 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada (caminata rápida, bicicleta, natación).
  • 2 días por semana de ejercicios de fuerza (pesas livianas, bandas elásticas, ejercicios con el peso corporal).
  • Actividades de equilibrio 3 veces por semana (yoga suave, tai chi) para prevenir caídas.

No se requiere gimnasio: caminar 30 minutos diarios, subir escaleras en lugar de usar ascensor o bailar en casa cumplen el objetivo.

Alimentación basada en plantas, sin dogmas: La SAGG sugiere priorizar frutas, verduras, legumbres y cereales integrales como base de la alimentación, sin eliminar completamente otros alimentos. Un plato ideal: mitad vegetales, un cuarto proteínas (animal o vegetal), un cuarto cereales integrales.

Chequeos preventivos sin obsesión

El Ministerio de Salud argentino recomienda controles periódicos de:

  • Presión arterial (al menos 1 vez al año)
  • Glucemia y colesterol (según indicación médica)
  • Vacunación actualizada (gripe anual, neumococo, herpes zóster)

Pero sin medicalizar cada síntoma: no toda molestia requiere análisis inmediato. El diálogo con un médico de cabecera es clave para decidir qué controles son pertinentes según el historial personal.

Mantener la mente activa sin presión

Leer, aprender un idioma, tocar un instrumento o participar en debates estimulan la plasticidad cerebral. Pero sin obsesionarse con "prevenir el Alzheimer": la evidencia muestra que la combinación de actividad física, social y cognitiva es más efectiva que ejercicios mentales aislados.

 

Un matiz crucial: los 50 no son "vejez"

Según el INDEC, en Argentina se considera "población adulta mayor" a las personas de 65 años y más. Las personas de 50 a 64 años forman parte de la "población adulta en transición", con necesidades distintas a las de quienes superan los 75 años.

Patologizar los 50 —presentarlos como el inicio de la decadencia— es un error científico y social. Como señala la OPS/OMS: "Las personas mayores sanas e independientes contribuyen al bienestar de la familia y la comunidad; constituye un mito presentarlas como receptoras pasivas".

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