“Patita” el canillita del pueblo

“Patita” el canillita del pueblo

20/03/2026 - Jorge “Patita” Suárez lleva sesenta años repartiendo diarios en la ciudad. Hace resistencia a un oficio que se pierde ante el mundo digital. Sin embargo, muchas personas todavía eligen el papel, y ahí está él.

Sobre Jorge Suárez, conocido por todos como “Patita”, podemos decir que estuvo casi siempre con un diario bajo el brazo. Comentó que “si bien tuve altibajos, creo que casi toda la vida me dediqué al reparto de diarios”. Y sobre cómo empezó todo, recordó que, “a raíz de que mi papá me vio inactivo en unas vacaciones de sexto o séptimo grado, le dijo a mi madre ‘mandemos a este chico a hacer algo, porque yo estaba en casa, no era de salir a jugar al fútbol, leía, estaba adentro. Así fue que me mandaron a vender diarios, a la mañana y helados, a la tarde, que era lo que se estilaba en esa época”.

En la etapa de la escuela secundaria, su padre se accidentó, con lo cual, había que afrontar esa situación y así fue que Jorge dejó los estudios para trabajar, aunque también siguió con sus diarios,tomé otros trabajos, después tuve algo más esporádico, por ejemplo, Carlín” Márquez traía el Popular de Olavarría y había que esperarlo en la Terminal vieja, los domingos a las ocho de la mañana, iba y repartía solamente, que después lo hizo mi hermano también, que era pibe. Y posteriormente, empecé a cobrar. Cuando me quedo sin trabajo, me dan la cobranza de Guillermo Agrelo, que ya tenía la librería. Y en un momento, en el año 1988, ya cansado de renegar con los pibes, me ofreció el reparto para ir a medias y arranqué otra vez. También, tuve Ámbito Financiero en los años ochenta, noventa y, a su vez, seguía con la librería”.

Llegan los años noventa que, pese a que fue duro, le dejó una posibilidad de emprender solo. “Esa época, nos dejó malheridos, después el año 2000 nos encontró doblando con las chapas y para terminar el 2001, donde ya no se daba más:  Guillermo, que era el que ponía el dinero y yo el trabajo, allá por el año 2003 lo quiere vender y es ahí cuando me lo termino quedando yo hasta hoy, donde la voy peleando”, detalló.

Sobre esta situación particular, Jorge reflexionó y expresó que “creo que todos los caminos siempre van a buscar lo que uno quiere hacer. Me pasó con la música, que nunca pude vivir tocando; pero en cierto modo, viví de la música. Y un amigo mío me dijo se está dando lo que vos alguna vez quisiste, vivir de la música. Si bien no doy clases; pero sí participo, trabajé activamente casi 40 años en bailes y ahora, lo hacemos con amigos y por placer”.

Sobre el reparto de diarios en la actualidad, se trabaja con el diario local, de Buenos Aires viene poco, como el caso de Clarín, y una distribuidora que traía los demás diarios cerró. También, “están todo lo que son revistas, todo lo que es colecciones, que ahora se usa mucho, tanto para chicos y grandes”, destacó.

Con relación a la clientela, contó que “tengo una vasta clientela. Imagínate que Guillermo abrió su local en el año 1970 y yo arranco con él, en 1976 o creo que antes, en 1974. Así que hay gente que ya no está, pero hay muchos clientes que yo sigo visitando de esa época, que después pasan a ser mis amigos; pero ya son mi familia porque los estoy tratando y he visto crecer a sus hijos, sus nietos y ellos han visto crecer a mí, obviamente yo tengo familia y también nietos”.

Como tantos otros oficios, el del canillita va desapareciendo. “Vamos quedando muy pocos, con Roberto Cardoso y creo que Marcos Vallejos, somos los únicos que andamos en la calle. Algunos partieron, otros dejaron la actividad, gente que no quiero nombrar porque me voy a olvidar de alguno, pero los hermanos Cruz, el papá de Marcos Vallejos, Tarugo que dejó no hace mucho, un hombre que ahora no me acuerdo que tiene la estatua. Y lamentablemente, y en esto me incluyo, no recordamos el Día del Canillita, es como que se perdió. Nosotros llegamos a estar, inclusive no agremiados, pero tener una especie de asociación donde éramos casi 30 canillitas. Es más, a fines de los noventa, tuvimos un paro de tres días protestando por nuestro derecho, después nos dieron la comisión que reclamamos; pero todo se fue perdiendo. Pero algunos hemos quedado y seguimos como el Colo Gallo con “Turulito”, Estela (Santillán), Casquero, Marcos y no sé si me olvido de alguno, pero somos los que vamos sobreviviendo, algunos con local y nosotros, que andamos en la calle”.

Después de tantos años de andar llevando las noticias a la gente, la pregunta es hasta cuándo y Jorge respondió que “a veces, me dicen cuándo vas a dejar; pero yo si estoy en casa me vuelvo loco. Está bien, por ahí estoy tranqui porque escucho música o hago cosas; pero la calle, el contacto con la gente, te va formando, al no tener mis estudios secundarios o universitarios, me formé de otra manera totalmente distinta. El trato con la gente es lo que te hace salir a la calle. Y alguien nos dijo una vez, sí estás bajoneado en tu casa, salí a la esquina y ya te encontraste con alguien que te cambió el día. Yo siempre repito lo mismo, tomando a Dolina que dice ‘lo que yo aprendí no lo aprendí en los boliches, lo aprendí en las bibliotecas’. Pero esa mezcla de biblioteca y de calle está buena. Y yo lo aprendí mucho, mi viejo era de ir a los boliches, pero no porque era alcohólico. Él era panadero, un laburo muy jodido, pero dentro de lo que él fue me enseñó valores. Eso es lo que a veces le digo a mis hijas: no le digan hacé esto o aquello, mostrarle vos con un ejemplo. Claro, si vos te levantás todos los días, como mi viejo se levantaba a las dos de la mañana y yo a veces pienso ¿Cómo no me voy a levantar a las 6? Claro, si este viejo se iba a laburar a las dos y se iba silbando y hoy los pibes salen a las 9, dormidos, renegando, qué sé yo, esas cosas uno las mama y la calle también te da esa cosa”.

Consultado sobre si hubo alguna época donde se vendía más, Jorge destacó que el 2003, “hubo un repunte. Veníamos de pasarlo mal y ahí se levantó un poco. Yo, si bien después, compré más diarios de otros colegas, tuve un reparto muy grande. Luego, a raíz de la irrupción de las redes, influyó negativamente; pero hay gente que se resiste, que sigue, que quiere tener el papel”.

La tradición sigue estando y el domingo es el día que más se vende, salvo que ocurra algún suceso destacado otro día de la semana: “eso se ha conservado bastante. Y cosa extraña que, en menos de un mes, dos personas me dijeron quiero volver a leer el diario papel. Me llamó la atención, pero se nota que no sé si por nostalgia o la necesidad; pero ojalá tenga más clientes que me digan quiero volver a leer un papel”.

Además de las redes y el formato digital, otra cuestión a tener en cuenta es el precio ya que “estamos en una época, donde un diario es caro, casi es un lujo”.

La idea de Jorge es seguir con su reparto, con la relación con gente en la calle y con ese aprendizaje que menciona que encontró trabajando de esto. “Trato de seguir, aunque cuesta más que nada los días de lluvia, ahora que viene el invierno, renegás y decís para qué me metí en esto, quiero estar en mi casa calentito; pero estás en tu casa y estás pensando tengo que llevarle esto a un cliente o le tengo que vender tal cosa”.

Con respecto si se pueden conseguir material que no llega habitualmente, Jorge respondió que “diarios, por ahí es más difícil; pero colecciones se adquieren, se está consiguiendo todo o casi todo. Hay una distribuidora de 9 de Julio, que nos provee y yo consigo también de Clarín; pero eso es lo que nos está ayudando mucho. En época de vacas flacas, todo ayuda”.

El oficio del canillita se está perdiendo, no sólo en la ciudad, sino en otros lugares. “Yo hacía mucho no iba a Buenos Aires, fui el año pasado y ya en los kioscos no ves diarios ni revistas están vendiendo chucherías”.

Consultado sobre lo que le ha dado este oficio, dijo que “me dio resistencia, me dio resiliencia para ir cambiando, me dio un montón de amigos, algunos no están, compañeros, fieles compañeros. Roberto, por ejemplo, con quien seguimos peleándola. Más allá de que empezamos tocando juntos hace muchos años, nos conocimos laburando de pibe y seguimos trabajando codo a codo los dos. Y como él, mucha gente, recuerdo a muchos de mis compañeros, gente noble, gente laburadora y también a los clientes, que más que clientes son amigos”.

Contacto: 2314 40386.

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