Polito y la vuelta de los Diamantes Negros

Polito y la vuelta de los Diamantes Negros

10/05/2026 - Los 50 años de la banda tropical representan gran parte de la historia de la cultura bolivarense. El músico, reportero gráfico y conductor radial quita mérito a todo su aporte al centro de la provincia y la región. Sin embargo, entregó alegría e hizo bailar a varias generaciones, construyó una PyME y logró gran respeto.

Juan Carlos Polito, está festejando los cincuenta años de una de las bandas musicales más icónicas de la historia bolivarense, los Diamantes Negros. El músico ha entregado su vida a la cultura popular local, tras recorrer medio país, luego dedicarse a difundir y entretener desde distintas emisoras locales su mundo tropical.

Polito es marca reconocida en el ambiente. Se define como “un poco músico y hombre de radio, porque empecé con la música en el ‘75, entrando de casualidad a la orquesta”, casi sin querer.

Relata que en un baile en Marsiglio, su amigo Juan Carlos Scarillo le pidió que hiciera de locutor ante la ausencia del habitual, “y ahí empezó mi historia con la orquesta. Fue en noviembre de 1975”. Así se fueron sumando bailes, “y ahí quedé. En el ‘81 se retira, me dice comandala vos, y me quedé con la orquesta hasta hoy”.

Los Diamantes Negros fueron muy reconocidos en la región, en un momento en que todavía había mucha actividad en los pueblos y espacios rurales, siempre ofreciendo bandas en vivo. Polito expone que “recorrimos muchísimo, en los caminos rurales, en muchos clubes de campo que ya han desaparecido”, pero también en gran parte del país. Recuerda, que durante un show “en el Club Argentinos, nos contactó un muchacho que andaba de pasada, y nos llevó a tocar a San Luis”, en el camino se fueron agregando lugares. En Santa Rosa íbamos seguido a un boliche tropical que se llamaba La Tanguería, cuyo dueño era un gran boxeador argentino, Miguel Ángel Campanino, de quien nos hicimos re amigos. En esa zona también íbamos a Toay, y después todo los que nos ha quedado cerca, desde Casares, Bellocq, Hortencia, Ordoqui, Cadret, San Andrés, Urdampilleta, Pirovano, Daireaux, Henderson, La Larga, Guaminí, Casbas, Salliqueló, Villa Maza, Olavarría, Azul, Tapalqué, Alvear, Saladillo, Las Flores, y podría seguir nombrando, porque hemos andado por todos lados”.

Durante todos esos años “siempre estuvimos dándole alegría a la gente, ese era mi lema. Lógicas de la cultura, del mercado y la disponibilidad tecnológica, los bailes tuvieron su meseta, cambió la dinámica y hubo que reacomodarse a la situación. Así, “ya por el año 2000 paramos, porque muchos muchachos se iban, y acá en Bolívar no hay muchos músicos para hacer tropical. Entonces seguimos 3, estuvimos 20 años, en el que la orquesta me dejó todo, mi familia, todo”, sentencia con satisfacción.

Aquel grupo original, a la que él se sumó, “en la que ya habían cambiado algunos músicos, estaba compuesta por Chiqui Sanz, Juan Carlos Scarillo, José Paz, había otro músico, un baterista, Rulo Villar, que después se fue y entra Jorge Suárez, y Perico Suárez, esos eran los que armaron los Diamantes Negros, porque antes se llamaban Páginas de Oro”. Entre las dos formaciones “pasaron muchísimos músicos; yo arranqué en esa época y después siguieron conmigo mucho tiempo más, algunos se retiraban, otros llegaban y así, pudimos sobrevivir 50 años”.

El ritmo de festejar cada fin de semana suena desgastante, “nosotros no sabíamos lo que era un sábado quedarnos en mi casa, era siempre un baile tras otro, y muchas veces los domingos también”.

El emprendedor derriba algunos mitos sobre los músicos. Él reconoce que se puede vivir de la música, “todo lo logré con eso”, y refiere a su gran amigo y compinche, Rubén Gallo, “una historia que siempre cuenta con alegría, porque él se compró una casa y fue pagando el crédito con la orquesta”. Y el otro relato es sostener una familia, “mi señora me conoció así, me conoció en un baile, y siempre aceptó mi trabajo, nunca me puso un pelo, nunca nada”, después vinieron los hijos, “pudieron estudiar, hacer su camino, mi hija es docente en Buenos Aires y mi hijo tiene una herrería. Yo pude tener mi casa, auto, trabajo, una vida”, sostiene.

Lo mío fue una PyME”, observa, “era un trabajo y tenía que tener bailes todos los sábados”. Agrega que “la orquesta en cierto modo es mía, porque todo el sonido es mío, todo es mío, yo se lo brindaba a los compañeros. El que se fue lo hizo por cuestiones personales, no por problemas de la orquesta. Gracias a Dios muy buena compañía con los muchachos”.

Justamente es Gallo el impulsor de la reactivación de la banda, “nos juntamos con él, estuvo ideando todo, convocamos a los músicos, porque muchos de los chicos que tocaban antes no podían seguir por sus actividades, y el 16 de mayo se relanza con una cena y baile en el Club Talleres, volviendo a los shows en vivo”, algo que hoy está promocionando la Municipalidad desde la Dirección de Cultura que conduce Raúl Chillón.

En el segmento originario de la banda hubo muchas otras, Polito recuerda con nostalgia a Los Caballeros del Tiempo, Demon 70, San Sebastián, Grupo 5, los Cariocas, entre otros.

 

El músico entiende que “la bailanta y la música tropical se han mantenido marginadas de la concepción cultural”, sin embargo, “mueve multitudes; si yo voy a una movida en el Centro Cívico y hacemos cumbia, el espacio se llena, la gente baila, se divierte. Y hay otros rubros que no alcanzan a contarlo con los dedos de la mano. Entonces es algo que el pueblo acepta, se alegra y me da alegría”.

Para el relanzamiento de Los Diamantes, Polito destaca la renovación de la banda, con músicos de mucha trayectoria en rubro, para lo cual “estamos ensayando duro, creo que las cosas están saliendo muy bien”. Señala que quieren fortalecerse “porque en los bailes ya no hay bandas que tocan en vivo, lo entiendo por una cuestión de costos; nuestra idea es armar bailes como los de antes, para disfrutar, aunque sea una vez al mes o cada dos meses”. Otro aspecto impulsor es la política cultural de Bolívar, “Raúl no quiere que haya shows con pista, quiere bandas en vivo, y nosotros lo podemos ofrecer. Yo tengo que adaptarme un poco, porque venía haciendo cosas solo, con pistas, pero ya tenemos más de veinte temas preparados, todo con bastante seguridad”.

 

La radio es su otra pasión, la radio de Polito se posicionó siempre entre sus seguidores. “Es algo que no me animaba hacer, porque no es como en el show donde vos ves a la gente. Fue Hugo Díaz que me insistió, y con Juanca Benítez, así que comencé en su radio y de Guillermo Arne, allí estuve muchos años”. Después se pasó a la emisora de Celia Gómez Olivera, y en algún momento “me pregunté, ¿por qué no fundar mi propia radio? Así que me acordé de un local que tenía Enrique Sacco, en calle Mitre, donde estaba todo instalado, hasta con las torres; hablé con Carlitos José, que era el dueño, y me dijo que la usara. Fue Roberto Sálice quien me armó el equipo, donde estuve como veinte años; más tarde me fui a Galería Prada, me fue cansando, se la vendí a Patín Moya, con varias idas y vueltas volví, estuve con él trabajando hasta diciembre donde decidí parar por un tiempo y recargar pilas”, una actividad que había comenzado en 1991.

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