Una herencia en dos ruedas

23/02/2026 - Si hay un apellido sinónimo de motos es Antoniano. Pronto a cumplir 46 años, Diego y Germán, siguieron los pasos de su padre, que había comenzado con un taller de mecánica en los años sesenta.
Diego Daniel Antoniano, arrancó en el mes de marzo de 1980 con un taller dedicado a la mecánica de motos, o sea que, dentro de unos meses, se van a cumplir 46 años, “toda una vida”, definió.
En aquel entonces, le dio continuidad a lo que había quedado de un negocio que tenía su padre y que había nacido en el año 60, “trabajé unos años, hasta 1975 más o menos, con sólo 15 años”. La cuestión económica del país de mediados de los setenta, le jugaron en contra a Antoniano hasta llevarlo a la quiebra. “Lo agarró el llamado Rodrigazo, donde se pasó a una devaluación tremenda. Mi viejo tenía todas las motos financiadas a doce y veinticuatro meses. Entonces, ¿qué pasaba? Cuando venían a pagarle la cuota, era como pagar casi nada y, obviamente, se fundió”, relató Diego.

Don Antoniano, tenía el taller en Avenida General Paz y Quintana, un local que alquilaba, muy cerca de donde hoy está Speedway Motos. “Todos nosotros anduvimos con las motos toda la vida, yo me crié en el taller de mi viejo, entre las motos de carrera, él atendía como diez motos, corría y, a su vez, les hacía la moto a los amigos. Había armado una escudería que se llamaba ´El Gato´”, recordó.
Como el ave fénix, Diego intentó renacer desde las cenizas con lo poco que había quedado, para ese entonces, tenía 20 años. “Arranqué con muy poquitas cosas, mucho esfuerzo, alquilando el local; pero de a poco, fuimos creciendo con el pasar de los años”. Esa evolución lo llevó a comprar un local chiquito, que es donde está Piermatei con la cerrajería y después, unos años más adelante, pude comprar este espacio más grande”.
La pasión por las motos que tenía su padre se las transmitió a sus dos hijos y a su nieto. Tanto Germán, Diego y su hijo, desarrollaron la actividad deportiva en dos ruedas: “Yo empecé a correr a los 13 años y lo hice hasta los 33. Anduve 20 años en el mundo de las carreras de speedway, corría en las cuatro categorías que había, todas en el mismo día. En un momento, me puse a sacar la cuenta y aproximadamente, debo haber corrido cerca de 900 carreras. Después, se incorporó mi hermano y, cuando dejamos de correr nosotros, empezó mi hijo Martín desde chiquito, a los diez, once años. Hoy, sigue corriendo y él mismo preparaba su moto para las competencias, así que siempre seguimos metido en el mundo de las carreras, es una pasión que tenemos por esto”.
Diego, en el negocio no está solo. Además de verlo a Martín armar y desarmar su moto de carrera, se sumó al trabajo su hermano Germán, “ya hace más de 20 años que está conmigo. Él trabajaba en Buenos Aires, en un Banco y estaba acobardado de la vida de bancario, encima en Buenos Aires con toda la vorágine de esa gran ciudad. Yo necesitaba una mano, así que se vino para acá, estamos los dos, mano a mano, él se encarga del taller y yo de la venta”.
En Speedway Motos se dedican a todo lo que son reparaciones, ventas de motos cero kilómetros y usadas, más toda la parte de accesorios como cascos, guantes, vestimenta, etc.
Sobre la evolución que han tenido, sobre todo, los ciclomotores de menor porte, Diego explicó que “nosotros, durante muchos años, trabajamos prácticamente con las motos Zanella, porque era lo que había entre 1978 y 1982. Después, en la época de Menem, se abrieron las importaciones y entraron, por primera vez, las motos grandes de cuatro cilindros como Honda, Yamaha, las llamadas de alta gama. Luego, entre el año 1991 al 1994, cambió la normativa y empezaron a traer motos usadas de Japón. Más adelante, eso se terminó y hubo un período que se trabajaba solamente con la Zanelita 50 CC., no había otra cosa, hasta que se abrió nuevamente la importación y empezaron a entrar las motos chinas y japonesas de nuevo”.
La mecánica de las motos también ha cambiado bastante. “Ahora todo es más electrónico, muchos sensores, mucha adquisición de datos. Antes era más sencillo; pero ahora ha evolucionado mucho. A una moto de alta gama, tenés que enchufarle un escáner como al auto y así detectas el problema para empezar a trabajar. En las motos de dos tiempos, era mucho más sencillo y más fácil de arreglar”, comentó.

Pronto a cumplir cincuenta años con el negocio, los que son habitué del lugar y vuelven a elegirlo, más que clientes son amigos, “tengo clientes que los más viejos son del año 90, que ya son amigos más que clientes, porque siempre han cambiado las motos acá y tenemos una amistad por tantos años de trato”
Consultado sobre si, en algún momento, el negocio pasó alguna situación que le hizo acordar a lo vivido por su padre, Diego respondió que “hubo varias, una en la época de Alfonsín, con una hiperinflación, donde vendías una cosa a tal precio y cuando la ibas a reponer, no te alcanzaba la plata porque ya había aumentado. Fue tremendo, trabajar en ese momento fue difícil. Ahora, la verdad, está muy estable. La lista de precios de los repuestos está en dólares, entonces, como el dólar se mantiene, no varía. Y las motos, debe hacer, por lo menos seis o siete meses que no aumentan”.
Que los precios se mantengan es importante porque, sobre todo, “la moto chica, la 110, que es la que más se vende y la que usa la gente de laburo, antes se necesitaba, por decirte, cinco años atrás, cuatro salarios completos para poder comprar una moto y ahora, la comprás con un salario y medio. Entonces, se acercó mucho la moto a la gente”, explicó.
Teniendo en cuenta que las motos son muy usadas por jóvenes, Diego intenta, desde su experiencia, aconsejar a los más pequeños a la hora de andar en estos rodados. “Siempre trato de dar algunas recomendaciones a los chicos que vienen como, por ejemplo, la importancia de usar casco porque salva vidas y también, hay que lograr evitar el accidente, ¿cómo? Frenando en todas las esquinas. Además, siempre circular lejos de las puertas de los autos que están estacionados porque yo veo, todas las semanas, que hay accidentes de gente que se traga las puertas y es un golpe duro para el motociclista, son lesiones muy feas. Entonces, circular siempre lejos de las puertas de los autos que están parados, los pibes pasan muy rápido, a veces, yo voy en el auto, me pasan a fondo por la derecha, entre el auto mío y el que está estacionado, le van rozando las puertas. Me pone mal, porque si un tipo le abre la puerta, se mata. Yo trato de aconsejar, más que nada a los pibes jóvenes, porque les parece que son inmortales o que no les va a pasar nada”.

Para Diego, la clave de mantenerse, de tener un lugar propio y estar bien posicionado en el mercado, “es la responsabilidad: Yo jamás falto a la palabra, jamás le mentí a los clientes en el taller, sobre todo, porque es un lugar que se presta para eso. Hay muchos talleres que hacen macanas, no todos, obvio. Pero bueno, yo pienso que lo más fuerte que tengo es la palabra y la responsabilidad de comprometerse con el cliente. Al menor problema se lo atiende, se le soluciona para que el tipo no se quede a pie. Me llama un cliente a cualquier hora y voy en el furgón, le cargo la moto y, al otro día, está de vuelta con su vehículo. Entonces, creo que la gente valora eso, porque no es lo mismo que, no sé, por decirte, comprar una moto en una casa de electrodomésticos, que una vez que vos saliste ya te conocen más. Yo tengo una garantía de verdad, simplemente estamos para eso, para atender al cliente”


