El hombre de hierro

14/07/2026 - Gustavo Delapenna pasó de estar sin trabajo a conducir uno de los comercios líderes de Bolívar en la zona. Definido como un emprendedor, analiza sus maestros en el negocio, la competencia y desliza algunas de las estrategias que lo llevaron a la cima.
Gustavo Delapenna se dice que hoy es un hombre calmo, sin embargo, parece estar atento a los sonidos del mundo, en una mezcla entre la pausa yogui y el que sondea el viento en busca de un hoyo en uno. El titular de Hierros Bolívar conduce uno de los comercios más representativos de la ciudad, suele marcar tendencia, establecer precios de mercado y arrollar con sus estrategias de comercialización.
Actualmente apuesta fuerte al mes de julio con una posibilidad única de comercialización con tarjetas de crédito del Banco Provincia en 6 cuotas sin interés.

A la hora de definirse, arranca de la simpleza de ser “un emprendedor, un vendedor que me gusta lo que hago y le pongo todo a eso”, dice el hombre que arrancó una idea, sin nada en el bolsillo y una bicicleta para ofrecer sus primeros productos.
En los inicios no repara en considerar su historia en relación de dependencia, “estuve trabajando mucho tiempo en un corralón que fue muy grande, Casa Buociguez; en el 2002 me quedo sin trabajo”. Con esa experiencia y una idea, salió a vender el proyecto y lograr sus primeros proveedores, “se dio la posibilidad de conocer a gente que me dio una mano, como Daniel González de Olavarría y Fernando Perkusic que son de Junín, y con ellos arranqué en esto, a lo que puedo sumar a Luan, una fábrica de aberturas de aluminio”.
Con más decisión que proyección, “arranqué tranquilo, buscando los clientes uno por uno y se fue dando con el apoyo de esos proveedores y de la gente de aquí, se generó Hierros Bolívar, que hoy tiene 26 años”. Actualmente la perspectiva le hace reconocer no solo a quienes lo sostuvieron, sino a los que consumieron aquí, en el distrito, como también en la región, Pirovano, Daireaux, Henderson, y toda la gente de pueblos de alrededor”.
Al comienzo, la decisión de comercializar hierros fue “ante la necesidad de arrancar y, como yo digo, cuando tenía hambre; el negocio se fue dando bien en la comercialización de hierro y chapa, por lo que comencé a dejar de lado el resto”. Pero, paralelamente, “tuvimos la posibilidad de buscar otro camino, ya más producido, como los pisos, el porcelanato y los ladrillos”, y al tiempo ya pensó en líneas directas con Cerro Negro o con Sidersa para la perfilería, “y esas ya eran una compra directa”, mejorando las posibilidades de comercialización. Con esa estrategia, “empezamos a trabajar con otro precio, ya directo de fábrica”.

En un país de crisis cíclica, su comienzo estuvo inmerso en una de las más importantes de la nación. Aún así, “yo ni me daba cuenta en ese momento, ni sabía cómo estaba realmente la situación del país, porque yo estaba sin trabajo y le puse toda mi energía para poder llevar esto adelante, que nunca me lo imaginé así, sí reconozco que me llevaban de la mano González y Perkusik”, situación que puede explicar mucho de su agradecimiento y devolución al momento de estar presente ante las necesidades del otro.
Con el tiempo, “obvio que me voy dando cuenta de las situaciones que uno vivió en el pasado a las del presente. Ahora sí, ya viéndolo en otro contexto, con gente a cargo, y a las exigencias de los clientes, tuve que estar muy finito en muchas cosas, porque el rumbo económico ha cambiado muchísimo, y hay que estar atento a muchas cosas”.
Entre la supuesta calma del mercado y los períodos de hiperinflación, el empresario debe mudar de estrategias constantemente. La primera reflexión de Delapenna es que “no estábamos acostumbrados a esto, veníamos con otra escuela, con un país con inflación, vos te manejabas con un stock importante en el negocio y hoy no sería importante, no sirve porque la reposición es rápida, porque hay necesidad de ventas en todos lados, lo que hace que, si pedís algo hoy, lo tenés mañana, mientras antes tenías que esperar quizás 15, 20 o 30 días”. No obstante, reconoce que su local sigue teniendo un gran stock de productos, al que explica, “porque para poder abastecer al cliente, que tenga la opción de elegir, tiene que estar ahí. Antes uno lo tenía para capitalizarse frente a los aumentos, hoy a la reposición la tengo casi inmediata, si me pedís un porcelanato que no tengo de casualidad, en un par de días te lo entrego”.

En el nuevo contexto, los tiempos y las comunicaciones son mucho más demandantes, y es consciente de las transformaciones en logísticas y decisiones de compra de las personas. “Charlando con los clientes, o con Guillermo Breuning, nuestro contador, con el que diariamente le buscamos la vuelta, estando atento a las redes, negociando con los bancos, ver si podés conseguir cuotas para la gente o mejor precio de contado, son todas cosas que los clientes tienen muy en cuenta, tanto como la pronta entrega”.
Establece que él necesita de la confianza y el apoyo del público, pero también “hacer muy bien los deberes con los proveedores, porque si fallás con uno, no trabajás más, no tenés que tener ni una manchita”.
Delapenna rehusa el rol que ocupa en el comercio local, “sí me doy cuenta de la magnitud del negocio, pero es algo que uno lo hace muy natural, vengo, disfruto del momento, me da la sensación que uno nació para vender”. Por otro lado, está la relación personal con sus competidores, “es muy buena, con algunos somos amigos, hacemos negocios en común, eso también ayuda, aunque a la hora de los números, cada uno defiende su quintita”. Ahí es donde emerge la estrategia, “uno sabe dónde acomodar un número que sea masivo, como ladrillos, cemento, chapa o perfiles, en donde trabajamos con márgenes muy finos, que, si no se trabajan en volumen, no sirve, porque la gente camina mucho antes de su decisión”.
Luego de 26 años, sin más estudios formales que la escuela primaria y la calle, reconoce que mucho le debe a “profesores como Eusebio Bouciguez, quien la tenía muy clara, y no dudaba al momento de dar una mano; porque aquí no se trata de rascarse para adentro, y a veces hay que dar una manito”.
Frente al futuro, mira al abismo y lo observa, “el tema de la importación ha castigado a muchos sectores del mercado. Entretanto, nosotros somos muy competitivos, podemos hacerlo frente a Mercado Libre, porque a ese precio le tenés que sumar un flete, y aquí estamos nosotros, compitiendo al mismo costo; igualmente lo vamos viendo, porque va a entrar en la importación todo lo que es chapa y pisos provenientes de China y Rusia, seguramente vamos a tener que tener un reacomodamiento”.
Como inquietud ante la coyuntura, ante la disyuntiva de correr riesgos o mantener una posición más conservadora, expresa que “no soy de ser conservador, porque siempre me gustó ir para adelante, quizás porque no tenía nada cuando me inicié; hoy me gusta andar más con los pies sobre la tierra, más cauteloso, ver qué es lo que tiene más movimiento, rotar mucho la mercadería, estoy muy atento a eso”, culmina el empresario, no sin antes agradecer a sus empleados y clientela.
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