Diagnóstico en la infancia: ¿Herramienta o límite para pensar la singularidad?

16/10/2026 - Integrantes del espacio Pilares participaron del XIX Congreso Argentino de Salud Mental 2026. Las profesionales plantean la importancia del trabajo interdisciplinario con sus pacientes y la necesidad de entender a la persona como un sujeto integral, con su historia y contexto.
Integrantes de Pilares, Espacio terapéutico Integral, participaron del “XIX Congreso Argentino de Salud Mental 2026”, realizado en Buenos Aires. Las licenciadas en Lic. en Terapia Ocupacional, Gisela Coria, en Psicopedagogía, Karen Beratz, y en en Psicología, Anahí Inda, “presentamos un trabajo que surgió a partir de los múltiples interrogantes que trae aparejada la clínica con niños”, sostienen.

En ese espacio “trabajamos profesionales de diferentes áreas: terapia ocupacional, psicología, fonoaudiología, psicopedagogía y kinesiología”, dando lugar a que “la interdisciplina forme parte de un abordaje terapéutico que sostenemos con nuestros pacientes”. Afirman que, “cuando estamos con ellos, las preguntas y problemas que se nos plantean las intentamos responder recurriendo tanto a nuestra disciplina como a las otras, ya que cada una es importante en su función, en su individualidad. El sistema funciona si cada disciplina desempeña su función individualmente pero no independientemente”.
Por su parte, “desde esta perspectiva, no trazamos divisiones fijas entre las especificidades de cada una”; lo que les permite que, “muchas veces recibimos consultas que no son para un área específica. Lo que hacemos entonces, es realizar una entrevista de admisión, donde antes que responder, escuchamos a esa familia, la historia de quien consulta”.
A partir de esa información, y “posteriormente, en las reuniones de equipo que mantenemos semanalmente, definimos la modalidad de abordaje más adecuada para cada paciente”, teniendo en cuenta que “en este espacio, acordamos qué disciplinas intervendrán, si lo harán de manera individual o mediante una dupla terapéutica, y si el tratamiento se desarrollará en un espacio individual o grupal”.
Para ellas, “el entrecruzamiento de saberes permite el enriquecimiento de todos los actores involucrados, aun cuando supone sostener ciertas tensiones propias de la diversidad de disciplinas y perspectivas”. Ese intercambio nos” invita a preguntarnos, tanto frente a las situaciones que se presentan como entre nosotras mismas, entendiendo que es precisamente la pregunta la que sostiene la posibilidad de pensar, de construir nuevas miradas y de evitar recetas que pretendan ser iguales para todos. Asimismo, nos permite introducir la importancia del tiempo de cada quien, en un contexto en el que pareciera que no hay tiempo que perder. Sin embargo, no se trata de perder tiempo, sino de donarlo: de ofrecerlo como condición necesaria para escuchar, comprender y acompañar los procesos de cada sujeto.”

Sostienen que “en la actualidad observamos una expansión de discursos diagnósticos sobre las infancias. Los niños son evaluados y clasificados cada vez más tempranamente mediante criterios estandarizados, los cuales podemos definirlos como reglas fijas y uniformes que se usan para medir, evaluar o hacer algo de la misma manera siempre”. Agregan que, “si bien esto, muchas veces sirve para entender y hablar el mismo idioma, su uso rígido tiene un lado oscuro, ya que ignora la historia personal y el contexto social.”
“El peligro de los criterios estandarizados en salud mental es que tratan la mente humana como si fuera el motor de un auto, buscando una pieza rota estándar, en lugar de entender que cada persona es un universo único afectado por su entorno”, sostienen. “Y esto no implica negar la importancia de utilizar herramientas diagnósticas, ni desconocer condiciones reales que requieren acompañamiento. El diagnóstico nos permite orientar la intervención, sin embargo, no puede reducirse a la aplicación de categorías preestablecidas.”
Afirman que “hacer un diagnóstico es necesario, pero su construcción lleva tiempo. Implica observar sin prejuicios, poniendo atención a cada detalle; implica escuchar los diferentes lenguajes a través de los cuales el niño expresa. Los niños hablan con su cuerpo, con sus gestos, sus acciones, sus modos de vincularse, sus dibujos y sus formas de jugar. Allí donde las palabras muchas veces no alcanzan, estas manifestaciones permiten acercarnos a aquello que les acontece. Solo a partir de la construcción de un vínculo es posible pensar junto al niño aquello que le sucede y acompañarlo respetando su singularidad, en lugar de responder únicamente a las expectativas normativas sobre su desarrollo”.
Las profesionales precisan que “la infancia necesita tiempo para crecer, aprender y construirse. Sin embargo, vivimos en una época en la que todo parece tener que resolverse rápido, y muchas veces, cuando un niño no responde a lo esperado, se lo considera un problema, sin tener en cuenta que las diferencias forman parte de cada proceso de desarrollo”. En ello contemplan no poder “quedarnos solamente con aquello que vemos o podemos observar, sin preguntarnos por el niño que está detrás de ese signo. Es necesario conocer su historia, sus vínculos y las experiencias que fueron formando su manera particular de ser y de aprender. De este modo, podemos darle un lugar a aquello que expresa, en lugar de reducirlo a una conducta o a una dificultad”.

Es así que, “desde esta mirada, entendemos el síntoma no como algo que simplemente hay que eliminar, sino como algo que expresa y comunica. Es un mensaje dirigido a Otro, que nos invita a preguntarnos qué está queriendo decir ese niño a través de aquello que manifiesta”, comprendiendo que “en un contexto caracterizado por el incremento de diagnósticos y la creciente medicalización, resulta necesario recuperar una clínica que vuelva a preguntarse por el sujeto, por la historia que sostiene al síntoma y por el lugar que este ocupa en la economía psíquica de cada persona. Consideramos que el desafío actual, tal vez no sea encontrar cada vez más diagnósticos, sino construir mejores preguntas y sostener una escucha capaz de alojar la singularidad y la construcción subjetiva por sobre la clasificación apresurada de las diferencias infantiles”.
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