Escribir para atravesar la enfermedad

23/09/2026 - Marianela Dimasi pasa por un tratamiento oncológico, sin embargo, decide tener “la vida que quiero llevar por más que esté enferma”. Escribe y comparte en redes su historia, porque “pienso que ese es mi trabajo: visualizar que todos pasamos por lo mismo, que tenemos que enfrentarlo”.
Por Melina Gómez
Marianela Dimasi atraviesa un tratamiento oncológico y encontró en la escritura una herramienta para poner en palabras lo que le sucede, ordenar lo que siente y, al mismo tiempo, acompañar a otras personas que viven situaciones similares.

“Cuando una lo expresa, es darle lugar a la enfermedad. No tiene el protagonismo principal, pero tiene su lugar porque te acompaña. Está dentro tuyo y tiene que tener su lugar. Yo le doy ese lugar, pero hasta acá”, explica Marianela sobre su presente.
Su diagnóstico es carcinoma infiltrante del subtipo lobulillar. Sin embargo, decidió no pensarse desde el lugar de la enfermedad. “Yo no me siento enferma. A mi enfermedad decidí tomarla desde otro punto de vista, de un aprendizaje más, de conocer más a la enfermedad”, define.
En esa manera de afrontar el diagnóstico también aparece su propia historia familiar. Una de sus hermanas y una prima hermana atravesaron el mismo cáncer de mama que ahora tiene ella. “Yo vi lo que sufrió mi hermana, lo que sufrió mi prima y me dije: ‘En el papel de víctima, no. En el papel de aprendizaje, sí’. La enfermedad me está enseñando algo a mí y yo tengo que decir hasta acá llego, hasta acá no, acá puedo seguir. Decidí darle su lugar, como corresponde a toda enfermedad, pero cómo llevarla yo”.
Todo comenzó en enero pasado, Marianela estaba de vacaciones cuando, mientras se bañaba, descubrió un bulto en una de sus mamas. Al regresar a Bolívar consultó con su ginecóloga, se realizó los primeros estudios y luego se puso en contacto con una ginecóloga mastóloga que atiende en Olavarría.
Desde la punción hasta la llegada de la biopsia, el tiempo se le hizo eterno. “En mi cabeza presentía que sí, que la enfermedad estaba en mí”, recuerda. Cuando recibió el resultado decidió detenerse y pensar qué quería hacer. En ese momento, dejó de trabajar en el Centro Complementario, donde la veían habitualmente “contenta, feliz y riendo y que me vieran en un estado así no me interesaba, no me gustaba para ellos”, sostiene.
Ahí terminó lo que Marianela denomina “la primera parte, el conocimiento de la enfermedad”. Luego se hizo dos estudios para determinar dónde estaba ubicado y cuál era su tamaño. Con esa información, comenzó la atención oncológica en Olavarría, donde planificaron un tratamiento en distintas etapas: primero la quimioterapia, luego una cirugía y finalmente rayos.
“Arranqué con dos drogas que eran las más potentes, que gracias a Dios y la Virgen no sentí lo que eran, pero también creo que va en la forma de cómo plantarse ante la enfermedad. Hay que buscar otras cosas y no estar pendiente de ella”. En ese proceso, el acompañamiento psicológico también tuvo un lugar importante, “entendí que la enfermedad es un tratamiento largo. Voy por la segunda etapa, que también son quimios, son 12 y recién llevo 5. Es difícil la enfermedad, la palabra cáncer asusta un montón y un acompañamiento psicológico es lo ideal”, afirma.
Hasta el momento, reconoce que el único efecto adverso que experimentó fue la caída del pelo. “No sé lo que es estar descompuesta del estómago, vómitos, porque es terrible lo que las drogas hacen en el cuerpo. Al tercer día me doy piedra libre de quedarme acostada en la cama porque me agarra como una gripe muy fuerte, pero al otro día salgo, hago una vida normal, más allá de que la enfermedad está en el cuerpo”, cuenta.
Cuando comenzó a transitar la enfermedad también decidió empezar a escribir. Sus textos están organizados por capítulos y en ellos reconstruye la llegada del diagnóstico y la manera en que recibió la noticia. “La enfermedad en sí es transitarla, tratar de llevarla de la mejor forma, abrazarla y reconocerla para darle su lugar. Cada capítulo tiene un nombre, primero, cómo llegó la enfermedad, cómo nos encontramos una a la otra y después, cómo fue el diagnóstico, cómo lo recibí”.
“Es difícil contarle a los hijos, a la pareja, no encontraba las palabras porque una no quiere llorar, pero se remonta años atrás de lo que vivió mi hermana. Ahí me di cuenta de que escribir me iba a ayudar a expresarme y poner en palabras”. Así, sus textos tratan la quimioterapia, la enfermedad y también de quienes acompañan durante un tratamiento. “Todos tenemos un cuidador y a veces nosotros resultamos ser el cuidador del cuidador, porque el cuidador también se cae, se le bajan las defensas y dice ‘¿cómo sigo?, ¿cómo acompaño?’”.
A su vez, escribe “para otras personas que están sintiendo lo mismo y yo también siento”. Esa misma mirada aparece en sus redes sociales, donde comparte parte de su día a día desde la empatía y con la intención de acompañar.
Marianela también cuenta que decidió cómo quería mostrarse durante el tratamiento. A veces utiliza distintas pelucas y otras, elige que la vean tal cual está. Dice que no le interesa demasiado la mirada del otro, sino la propia mirada sobre lo que le está pasando.

“Tengo la vida que quiero llevar por más que esté enferma. Me dedico a los nietos, tengo tres y ellos siempre cuentan con la abuela. Siempre digo que soy una enferma sana porque limpio la casa, cocino, hago los mandados, me tengo que hacer un estudio, me lo hago y no necesito que otro deje de hacer su vida para que esté al lado mío”. En este proceso también se apoya en la terapia, en su nutricionista, en la actividad física, próximamente piensa comenzar el gimnasio, en terapias alternativas y en la religión.
“Me siento muy querida por toda la gente que siempre me manda un mensaje, por más que no tengamos la misma visión de alguna religión o de algún pensamiento. Mi política es levantarme todos los días, salir a laburar y llevar mi trabajo lo mejor posible. A veces pienso que ese es mi trabajo: visualizar que todos pasamos por lo mismo, que tenemos que enfrentarlo”.
En ese sentido, su propia experiencia la llevó a acercarse a otras personas que necesitan hablar y sabe que sus palabras pueden llegar a alguien que esté atravesando un momento parecido. Por eso, más allá de lo que la escritura significa para ella, encuentra sentido en la posibilidad de que pueda servirle a otros. “El escribir ayuda un montón y si sirve al menos para una persona, mi misión está cumplida”.
“Cuando mi hermana tuvo cáncer, yo fui la acompañante y escuchaba de oído. Ahora tuve que aprender yo cómo llevarla y cómo hacer. Esta enfermedad también me enseñó a interiorizarme en un montón de cosas y el que necesite o quiera charlar, no tengo la fórmula mágica ni la solución, pero sí sé escuchar y ponerme en el lugar del otro, porque la estoy pasando”, asegura.
La mirada del psicólogo Gustavo Murgades

El psicólogo especializado en oncología, Gustavo Murgades, analizó el lugar que puede ocupar la escritura y la exposición pública durante un tratamiento oncológico. Según explicó, el primer impacto que suelen generar sus publicaciones en las redes sociales, “no tiene tanto que ver con lo escrito sino con lo gráfico, con lo visual, con imágenes”. En ese sentido, puede aparecer la idea de que “esta persona expone demasiado”, aunque, según su palabra, en realidad se trata de mostrar o realizar una autorrevelación vinculada con cambios profundos en la identidad y con la construcción de una narrativa sobre la enfermedad.
“La forma de mostrarse va cambiando en cada etapa dependiendo de dónde esté el paciente. Como psicólogo y psicooncólogo lo pienso desde la forma de recuperar el control. La enfermedad es un diagnóstico y un tratamiento que aparece de manera disruptiva, que cambia, que altera la vida de una persona, y es la manera de recuperar el control y la decisión de decir ‘voy a escribir y lo voy a contar de la manera que yo quiero, voy a mostrar a mi cuerpo’. Es una manera de sobreponerse a la enfermedad”, marca el profesional.
Además, Murgades define este proceso como “una reconstrucción de una identidad” y desde la mirada del paciente se puede tomar como “estoy atravesando esto, quiero contarlo porque esta es mi realidad y mi identidad hoy”.
También, señala que la escritura puede relacionarse con la “construcción de redes de apoyo y comunidad”, al permitir que personas que atraviesan situaciones similares puedan encontrarse y reconocerse en una experiencia compartida.
Por otro lado, destaca el valor del “procesamiento emocional”, entendido como una forma de “ordenar el caos y el torbellino de emociones y sensaciones que aparecen durante un tratamiento. El poder contarlo permite poner en palabras, darle una coherencia a lo que está viviendo”.
Para Murgades, la escritura también puede contribuir a una reconstrucción cognitiva. La enfermedad y el tratamiento obligan a revisar ideas sobre el propio cuerpo, las posibilidades, las limitaciones y una nueva realidad y, “el poder verbalizarla hace que se vaya armando y dándole una coherencia”.
Hacia el final de su reflexión, el psicólogo planteó una pregunta sobre lo que impulsa a una persona a compartir públicamente su intimidad durante un tratamiento: “El paciente que muestra su intimidad, que va mostrando día a día cuál es su realidad, ¿lo hace porque necesita ser mirado o porque necesita ser acompañado? ¿Necesita mostrarse o es una manera de, a través de las reacciones, los mensajes, que la gente se entere, decir ‘acompáñenme, ayúdenme en esto’?”.


