El arte sanador de Boinita

El arte sanador de Boinita

19/06/2026 - Ezequiel Botana es un artista que halló en el dibujo una ayuda para su terapia. Hoy, habiendo recorrido un largo trayecto, está preproducidendo lo que puede ser su primer libro. Relata su historia, la importancia de su familia, la posibilidad de acompañar a otros en Salud Mental.

Ezequiel Botana (Boti) es usuario del Servicio de Salud Mental del Hospital Capredoni. Simpático, sonriente, observador del mundo que lo rodea, desde chico ha tenido interés por el dibujo. Con el paso del tiempo fue construyendo una serie de personajes que se conjugan en una historia, la que él dibuja, la de Boinita, el gaucho carismático. También se dice alambrador y leñero, acompañando las actividades cotidianas de su padre, inspirador del personaje central.

Dice que “Boinita lo creé yo cuando era adolescente, para impresionar a mi tía, que dibujaba muy bien, pero yo no me animaba a mostrárselo, y más tarde le empecé a dar algunas características de mi papá”. El personaje “es un personaje atípico, es un gaucho que toma mate dulce, parecido a mi viejo, al que le da lo mismo vivir tranquilo en su ranchito o ir al centro; pero también es un tipo aguerrido, laburante, un patriota”, sostiene Ezequiel. Otro parecido “a mí papá son los pelitos, porque él no se afeita”.

En su creación trata de percibir el entorno, “agarro ideas del ambiente, como de una charla, o para crear un personaje, voy a un patio, o cuando llego de trabajar, pongo música, me preparo unos mates y ahí surgen ideas”. Pero también pueden surgir de una abstracción, “como descubrir figuras en el piso de la casa de mis abuelos, es algo que me surge desde que era muy chiquito”. Agrega que “además de trabajar con papá, hago un curso; a veces llegás cansado, después de muchas horas, y el dibujo me relaja”.

 

Él ha creado en Boinita un personaje con poca escolaridad, y de ahí surgen muchos de sus personajes, “el principal, que no tiene un solo hijo, como yo, sino que son tres, Gurrumina, que viene de Gurises, lleva trenzas largas y es una gran soñadora, muy exigente con sus notas escolares; Revolmina, que queda como una nena; también está Pochy -ya que mi abuelo me decía Pochocho-; y por última Rulita, que viene de mi mamá Roli, que también tiene rulos”. A esos personajes “le agregué a Oruguita, en forma de oruga, una beba que no emite palabras pero puede leer los pensamientos”. Pensando en el desarrollo, ha incorporado otros actores, como “la Abuela Pacha, la madre Pachamama, que es mi abuela, una mujer muy tranquila, media sorda que la lleva a malinterpretar; o también a Velasquito, que haría de mi finado abuelo, el que siempre confió en mí”.

Ezequiel dice verse influenciado por algunos personajes y creadores populares, tales como Patoruzú o Condorito, se dice admirador de Mafalda, y fue animado por el artista local y docente, Gustavo Alaimo. Hoy, además del dibujo a mano ha agregado tecnologías, creando reels para su Instagram con sus historietas animadas, como también sus posicionamientos personales ante la vida.

Hoy, a los 27 años tiene su historia para contar. Crecido en el campo, en el paraje de Marsiglio, luego se mudó a Bolívar.

Su nombre artístico tampoco es producto del azar, The Phoenix Productions, es algo que surge “después de ver la película de Harry Potter y la cámara secreta; al ver ese ave renacer desde las cenizas, pensé en mis etapas aquí, en Salud Mental. Yo soy una persona que cayó fuerte, estuve deprimido, y es como volver a nacer, relacionarme con gente, sentirme bien, es como la realización de un mito, acá tengo todo, y eso originó el nombre”, dice con orgullo y emoción.

Recuerda que en la primaria “creían que tenía retraso madurativo porque no prestaba atención en clase, cuando estaba creando personajes. Ahí me mandaron a una psicóloga y una psicopedagoga”, y luego llegó la secundaria, de la cual egresó.

Actualmente, reconocido como usuario del Servicio de Salud Mental, dice que le “gusta acompañar, aconsejar en lo que puedo”.

Para él, el paso por la secundaria fue determinante, “yo sufrí trastorno obsesivo compulsivo porque era muy aplicado en la escuela, y ahí me hacían bullying, y les quería demostrar que era un buen estudiante para que mis compañeros me respetaran en algo, sufrí por autoexigirme”.

Ello lo llevó a ser un usuario del servicio de salud, en el que además de la terapia, el arte le sirvió de salvación. Dibujar “me ayudó a salir de lo que es el ambiente de la joda, porque yo tomaba alcohol, no le veía sentido a la vida, no trabajaba lo suficiente, lo que me llevó a tener delirios místicos, ataques de pánicos, problemas de ansiedad, y acá comenzó todo”, dice con una energía que transmite sus ganas y su optimismo.

A su vez sigue formándose, “hago un curso de informática con la idea de que me ayude con mis animaciones”. La idea impulsora sigue siendo la impresión del libro, voy haciendo todo lo necesario para que se concrete, he aprendido que hay que trabajar tranquilo, sin apuros, eso me lo ha enseñado el taoísmo y su equilibrio”. Ya trabajando en correcciones, Salud articuló con La Cultural, y allí la docente Gisella Holgado lo ayuda a mejorar aspectos técnicos, mientras que se evalúan formas de materializar la impresión. Por el lado del dibujo, también ha estado involucrado el Pato Arbe, y Marcos Lanzoni en lo concerniente a animaciones.

Instagram: thephoenixproductions98

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