La salud de las mujeres, entre derecho y desafíos

26/05/2026 - A pesar de los discursos, las mujeres argentinas se encuentran frente a desigualdades históricas, recortes presupuestarios y un deterioro en su salud.
El 28 de mayo se conmemora el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. La fecha que nació en 1987 durante un encuentro de organizaciones feministas en Costa Rica, impulsada por redes latinoamericanas para visibilizar que la salud femenina es un derecho humano y no un privilegio.
El objetivo fue —y sigue siendo— claro: garantizar el acceso integral a la salud en todas las etapas de la vida, incluyendo la salud física, mental, sexual y reproductiva.
La fecha invita a revisar qué pasa hoy con la salud de las mujeres. En Argentina, el panorama es complejo: conviven avances legislativos importantes con tensiones actuales que ponen en riesgo su implementación.
El país cuenta con un marco normativo amplio:
- Ley de Salud Sexual y Reproductiva
- Ley de Educación Sexual Integral
- Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo
- Ley de Parto Humanizado
Todas orientadas a garantizar derechos. Sin embargo, especialistas y organizaciones advierten que tener leyes no garantiza acceso real, especialmente en contextos económicos críticos. Por ejemplo, el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA), implementado desde 2018, logró reducir a la mitad los embarazos no planificados en adolescentes, según evaluaciones independientes del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES).
Sin embargo, el monitoreo anual del Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai) advierte que la brecha entre el derecho formal y el ejercicio real se amplía. La restricción en la distribución de misoprostol, la utilización indebida de la objeción de conciencia institucional y la falta de capacitación continua en servicios de salud son obstáculos recurrentes documentados por organizaciones civiles y auditorías independientes.
Paralelamente, la mortalidad materna ha puesto en alerta por el repunte que ha tenido. La última estadística gubernamental es de 2024, marcando un incremento del 37% de muertes maternas frente al año anterior, una tasa que sería la más alta desde 2010. El 60% de los fallecimientos correspondieron a causas obstétricas directas, como hemorragias, infecciones y trastornos hipertensivos, todas prevenibles con atención oportuna y de calidad, debiéndose a cuestiones que “dependen del funcionamiento del sistema de salud. Un aumento sostenido es una señal de alerta estructural que exige una respuesta inmediata”, explicó desde el CONICET, Mariana Romero.
La inflación y la pérdida de poder adquisitivo impactan de manera diferenciada en las mujeres. Esto genera un efecto desigual: las mujeres más vulnerables son las más afectadas.
Además, organizaciones como Amnistía Internacional alertan sobre retrocesos en políticas de género y salud reproductiva, en un contexto de recortes y reconfiguración del rol del Estado .
Los hogares con jefatura femenina destinan un porcentaje mayor de sus ingresos al gasto de bolsillo en salud, según estudios del Observatorio de Gasto Sanitario. Entre 2024 y 2026, el sector farmacéutico registró subas acumuladas superiores al 130%, encareciendo tratamientos hormonales, anticonceptivos y medicación para enfermedades crónicas de mayor prevalencia femenina. La postergación de consultas, la interrupción de terapias y la dependencia de redes informales de cuidado son consecuencias directas que las organizaciones de pacientes y colegios profesionales vienen documentando.
Desigualdades que se miden en kilómetros
La salud de la mujer en Argentina no es homogénea. Las provincias del norte y el noreste presentan razones de mortalidad materna tres a cuatro veces superiores a las de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Patagonia. Chaco, Formosa, Santiago del Estero y Corrientes concentran los indicadores más críticos, mientras que la concentración de especialistas, unidades de terapia intensiva obstétrica y centros de referencia sigue siendo marcadamente metropolitana. Las barreras geográficas, la falta de transporte público y la escasez de personal sanitario en zonas rurales agravan un panorama que exige políticas con enfoque territorial.


