Messiliderazgo

21/09/2026 - El adiós del máximo ídolo del fútbol deja un espacio difícil de llenar. Lo que también debiera observarse, es lo que deja como ejemplo de liderazgo. Todo grupo, desde el fútbol a la empresa o una institución, necesita revisar las formas de liderazgo.
En la oficina, la escuela, la fábrica, la política o en el fútbol, casi siempre asociamos lo que es liderazgo con la capacidad de conducir, es decir la jefatura. Pero es un gran error, al cargo puede llegar cualquiera, por capacidad o casualidad, quizás por el dedo de alguien, y nunca podrá liderar un grupo. Y también puede ser líder alguien de los escalones más bajos de la organización, lo que se logra con la adquisición del respeto.
Messi ha sido -o es- un líder, “este grupo no deja tirado a nadie”, ha dicho; siempre habla en plural, “nosotros” somos un equipo que tiene objetivos, y culminó estableciendo que ya estaba vacío, es que el maestro lo ha dado todo, y la sociedad global se lo reconoce.
En él no hay ambigüedades, es él, un todo indivisible, no tiene posturas acomodaticias ni acordes al público de ocasión. Si algo lo ha caracterizado es la coherencia, SER, como es, un perro que no pierde de vista la vida, y muchas veces, la vida es mucho más linda siguiendo los movimientos de la redonda, pero también tiene su misma lealtad.
Messi no es un estereotipo de líder, no resalta sobre el resto, más por lo que hace en su trabajo. No es un gran orador, ni es extrovertido, ni tiene un aura de dominio impuesto por la cinta de capitán. Simplemente es.
A diferencia de grandes jugadores de fútbol, es decir de personas que hacían extraordinariamente bien su trabajo, otros no lograron su capacidad de liderazgo, se quedaron en hacer un buen trabajo.
Messi se mantuvo en el tiempo, fueron décadas en las que él se destacó por su cultura del trabajo, por ser un ejemplo sin decirlo, por tirarse al barro para que otros lo imiten. Ahí generó un liderazgo basado en el ejemplo, es decir, legitimidad. A tal punto lo hizo, que por mucho tiempo se creyó en la messidependencia, hasta que él demostró que no era necesario, y volvió a mostrar el equipo que habían construido con el liderazgo carcomido, despreciado y lleno de prejuicios de la era de Scaloni, otro caso para observar.
Vinieron los años difíciles, él era la figura más expuesta, y llegaron las demandas, casi siempre exageradas y/o malintencionadas. La selección de Messi no ganaba, le pesaba la camiseta, no tenía corazón, etc. Entonces, en esos momentos, no se mostraba un liderazgo de equipo, era él. Si era él el responsable, no había un liderazgo de equipo, el líder no debe asumir la responsabilidad grupal, y su renuncia en 2016 representó que se encontraba sobrepasado por el liderazgo adjudicado, individual.
En 2019 Argentina queda eliminada por Brasil, y ahí se muestra un líder intentando defender al grupo frente al arbitraje. Allí, el líder debe medirse frente al enojo, porque también puede producir una escalada del conflicto.
Y llegó Qatar, con un debut inesperado frente a Arabia Saudita, en el que el líder no intenta resolver individualmente, sino reestructurando al equipo, compartiendo liderazgos en distintos espacios del campo de juego, como Dibu Martínez, Otamendi, De Paul, Enzo, Julián, y Messi asume la conducción emocional y futbolística. Ello se corrobora en el la final contra Francia, en la que cada jugador fue imprescindible desde su función en el campo, la renovación del banco, el rol en el complementario y los penales finales.
En Qatar, Messi apoyó al equipo, no jugó la personal, subrayó el “nosotros vamos a ganar partidos”, y dejó que otros compartan el protagonismo, sea en el arco, la magia del Fideo, la defensa, incluso con el rol otorgado a los más jóvenes. Ahí se demuestra que un líder unipersonal, genera debilidad, pero el que hace brillar a otros, fortalece al grupo, algo que muchos dirigentes de espacios institucionales actuales, no pueden/quieren aprender.
Messi no fue siempre un líder, fue pasando por distintos procesos de aprendizaje. Es que, a ser líder, también se aprende: delegando, confiando, escuchando, respaldando, asumiendo y compartiendo.
El 10 no es líder por haber ganado el mundial, ni cualquiera de nosotros por estar al frente de algún proyecto. Lo es por haber confiado en el proceso, asumiendo que su rol era ayudar al equipo a ganar, y eso es lo que esperamos de aquellos que están en espacios de decisión, sea un director de escuela, el gerente de un banco, o el responsable de un supermercado. Un jefe no es necesariamente un líder, su autoridad se basa en el cargo, ni tampoco viene con el respeto; lo será en la medida que forme parte del equipo y recupere esas aptitudes mencionadas anteriormente, y ahí sí, con una descentralización y democratización de la gestión, será posible hacer parte a todos de dar lo mejor de cada uno para alcanzar los objetivos comunes.


