Papelera Bolívar, la diferencia en el servicio.

Papelera Bolívar, la diferencia en el servicio.

21/09/2026 - Es porteño, migró al sur, está casado con una bolivarense, y eligió nuestra ciudad como destino emprendedor. Su llave de presentación era ser yerno del Gato Guinea, y así inició un comercio que hoy se consolida en la zona. Mariano Levinas halló una diferenciación en la comercialización de productos estándares, hoy se fortalece en la impresión personalizada del packaging.

Mariano Levinas es porteño, casado con Valeria Guinea, y juntos, hace años decidieron instalarse en el sur, aunque las vacaciones de verano, siempre eran en Bolívar, donde ella tenía a su familia, y él amó la ciudad.

Cuando deciden mudarse desde la Capital hacia San Martín de los Andes, la pareja puso un comercio, “un local de artículos de limpieza y perfumería, el que tuvimos por siete años”. Previamente, habían establecido una amistad, “él tenía una papelera, lo robaron varias veces, y decidió mudar su papelera al sur”. El comercio de su amigo iba bien, creciendo en base a muchos años de experiencia, hasta que “un día me pide que lo acompañe, que había crecido mucho y necesitaba alguien de confianza”, actividad que decidió aceptar. Así comenzó su acercamiento al rubro de la papelera, “y fui conociendo el manejo durante unos cuatro años, haciendo lo mismo que acá, repartir y entregar en el momento”, la fortaleza que lo ha desmarcado.

Cuando nace una de sus hijas, hizo ruido en la pareja la necesidad de volver con la familia, “y a mí me encantaba Bolívar, nuestras vacaciones eran acá, hasta que un día le dije a Valeria, voy a hacer un estudio de mercado para ver qué onda lo de poner una papelera aquí”.

Recorriendo la ciudad se encontró con los oferentes tradicionales del mercado local, ahí “me di cuenta que mis precios eran iguales o más baratos, así que lo hablamos con Vale y nos arriesgamos. Vendimos todo en el sur y nos vinimos para acá”, a fundar Papelera Bolívar.

Desde el inicio estuvo consciente del negocio que estaba creando, porque “lo que acá no había, ni hubo, era el servicio que nosotros dábamos, el hecho de ir con la camioneta cargada, y poder bajar el pedido en el mismo momento, mientras mi competencia hacía la modalidad de siempre, recorrido para levantar, y a los 3 o 4 días se entregaba”.

 

Así, en marzo de 2010 “arranqué aquí, tomé como depósito un garaje de un tío de Valeria en la calle Laprida; venía con mis ahorros y creí que compraba un montonazo, pero era un poquito de cada cosa, de lo que yo estaba acostumbrado a comercializar en el sur, pero resulta que no eran las mismas que se usaban acá. Nosotros vendíamos una bobina de arranque muy fina, y acá pedían una gruesa, se me hizo un gran lío”. La otra desventaja es que “no me conocía nadie, así que tuve que hacer una estrategia para poder entrar a todos los comercios. Dividí la ciudad en cuadrantes y salía de recorrido, negocio que veía, paraba y me presentaba, y el latiguillo que me sirvió fue comenzar diciendo que yo soy el yerno del Gato Guinea, ya que a él lo conocían todos y me abría las puertas”. Aquel amigo, Gustavo, “me presentó a todas las empresas del rubro y él se ofreció como garante, eso me abrió muchísimas puertas para ofrecer lo mejor del mercado”, reconoce.

Levinas apeló a su carisma, sus ganas, su simpleza para generar una conversación, “va en la forma de ser de cada uno, yo caí re bien en Bolívar, enseguida me integré; para los varones suele ser más fácil, jugás un picadito al fútbol, hacés amistades, y así vas entrando. De a poco se fue dando, aunque había negocios en el que me rechazaron hasta cinco veces, en algún momento, casi de lástima me compraban algo, y así fui haciendo una clientela, me consolidé, y más tarde seguí por los pueblos, como Urdampilleta, Pirovano y Daireaux”.

Actualmente trabaja solo, con la ayuda de su esposa para la “preparar los pedidos para afuera, que son el día previo a viajar”, “ella es fundamental para que esto funcione bien, porque también le permite hacer su propio trabajo”, establece, y reconoce el acompañamiento de toda la familia. Hoy tiene dos camionetas, una de gran porte y un utilitario para trabajar en la ciudad, “al principio iba a los pueblos con la camioneta cargada y bajaba el pedido en el momento, pero después de la pandemia nos cambió todo. Como no nos dejaban entrar, yo mandaba el listado de precios por teléfono, me hacían el pedido y luego los llevaba y se los dejaba en la entrada. Entendí que eso me agilizaba mucho el trabajo, ganaba muchas horas, por lo que ahora mando la lista de difusión, mis clientes me pasan los pedidos, y en una mañana atiendo a los cincuenta, pudiendo continuar el trabajo por la tarde en Bolívar. Antes de la pandemia, la gente no les prestaba atención a los mensajes, quería un trato cara a cara”. El resto del reparto se “hace en el mismo día, levanto pedido, armo y entrego, tengo una rutina en el recorrido, y si alguien tiene algún faltante, me mandan mensajes a cualquier hora e intento solucionarle el problema”.

Los cambios también obligaron a repensar el negocio. “Con la camioneta más chica, puedo manejarme más fácil en la ciudad, y con la grande hago la distribución de los pedidos grandes, más un sobrante de artículos básicos que pueden agregar al momento”.

Cuando analiza su fortaleza, además del servicio, considera que “es lo descartable, lo que tenga que ver con bandejería para rotiserías, pizzerías, panaderías y demás, lo que es bolsa de polietileno”. Lo que ahora lo está diferenciando “es la impresión personalizada, tengo un gran stock de cajas para pizzas, bobinas y servilletas de papel impreso, papel térmico impreso; todo eso yo lo mando a hacer en distintas fábricas de Buenos Aires, donde cada comercio puede imprimir su logo, yo compro en cantidad, y como servicio extra, es un costo que asumo y le voy vendiendo de acuerdo a su necesidad. Es una forma de fidelización, porque le estoy dando un valor diferencial a su empresa, porque al conocer su stock disponible, yo mismo me encargo de la reposición y volver a imprimir, si es necesario”. Por ejemplo, “el papel término es algo novedoso, está muy de moda en rotiserías y hamburgueserías” y al imprimir en cantidad, sin un desembolso por todo el paquete, logra precios que fortalecen la relación comercial.

La pandemia implicó una alta demanda de deliveries, lo que también impulsó el negocio de la papelera, “porque uno vende packaging”, y ese aumento en pedidos “me favoreció en el sentido de que me conozcan más”.

Hoy Levinas se muestra más que conforme, “no necesito más si yo quisiera obviamente crecer implica tener empleado y son otros problemas, tener un sistema de venta, un sistema de stock” que hoy no considera necesario. Se analiza a sí mismo, buscar otra estrategia de negocios, de crecimiento, “hoy no tengo ganas, porque estoy bien, no necesito más que esto, no quiero correr detrás del dinero, tengo casa, mi propio negocio, los vehículos, a mis hijos estudiando, puedo hacer algún viaje, estoy muy bien así”, define como forma de concebir el mundo.

También esa mirada se aplica al negocio, “tengo clientes de otras localidades que me piden que los visite, si en algún momento se me complica, tendré que volver a crecer, abrir el abanico. Hoy quiero seguir brindando el servicio que doy, estar atento a las necesidades de los clientes que ya tengo, y si me llaman un sábado a la noche porque se quedaron sin vasos, si puedo, ahí estaré”.

Párrafo aparte merece la competencia en el rubro. “Aquí no hay mucho para discutir de precios, son tres fábricas puntuales a las que caemos, por lo tanto, nos llevamos muy bien, nos prestamos pedidos, no nos pisamos, tenemos una linda camaradería”, cierra el comerciante.

Contacto: 2314 44-1695

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