Lagunas, arroyos y zonas inundables.
12/08/2026 - El agua que define la vida en la Pampa Deprimida. Vivir en la cuenca del Río Salado es convivir con un paisaje que cambia constantemente. Comprender cómo funciona es el primer paso para protegerlo.
Por estos días, recorrer los caminos rurales del centro de la provincia de Buenos Aires permite observar un paisaje característico del invierno: lagunas serenas, bajos con agua, arroyos de escaso caudal y grandes extensiones de pastizales. A simple vista parecen ambientes independientes. Sin embargo, todos forman parte de un mismo sistema natural que determina la producción agropecuaria, la biodiversidad, el abastecimiento de agua y, muchas veces, también las inundaciones.
Quienes viven en distritos como el nuestro conocen bien esta realidad. Aquí, el agua no siempre corre hacia un río definido. Muchas veces permanece durante meses en una depresión del terreno, formando lagunas temporarias o permanentes que cumplen una función ambiental de enorme importancia.
Un paisaje casi sin pendientes
La mayor parte del centro y norte bonaerense integra la cuenca del río Salado, una de las más extensas del país, con aproximadamente 170.000 kilómetros cuadrados. Allí se concentra entre el 25 y el 30 % de la producción nacional de granos y carne, lo que convierte a esta región en una de las áreas agropecuarias más importantes de Argentina.
Pero existe una particularidad geográfica. A diferencia de otras regiones, la pendiente es extremadamente baja. En muchos sectores el desnivel es de apenas unos pocos centímetros por kilómetro. Como consecuencia, el agua de lluvia escurre muy lentamente y tiende a permanecer sobre el terreno. Esa característica dio origen a lo que los geógrafos denominan Pampa Deprimida.
Las lagunas no son un problema: son parte de la solución
Existe una idea muy difundida de que las lagunas representan "agua perdida". Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.
Las lagunas funcionan como enormes reguladores naturales.
Cuando llueve en exceso:
- almacenan millones de litros de agua;
- disminuyen la velocidad de los escurrimientos;
- reducen el impacto de las crecientes;
- recargan los acuíferos subterráneos;
- ofrecen refugio a miles de especies animales.
Muchas de ellas nacieron en antiguas depresiones del terreno generadas hace miles de años por procesos eólicos y luego modificadas por el agua. Algunas mantienen un tamaño relativamente estable, mientras que otras aumentan o disminuyen según los ciclos climáticos.
Un enorme humedal bonaerense
Cuando se habla de humedales suele pensarse en el Delta del Paraná. Sin embargo, gran parte de la cuenca del Salado constituye uno de los sistemas de humedales más importantes del país.
Estos ambientes albergan: pejerreyes, tarariras, bagres, garzas, cisnes de cuello negro, flamencos, gallaretas, coipos, anfibios, una enorme diversidad de insectos y plantas acuáticas.
Además, cumplen un papel silencioso pero fundamental: filtran el agua, capturan carbono y amortiguan inundaciones.
El agua nunca desaparece
Después de una sequía suele escucharse la frase:
"La laguna se secó."
En realidad, muchas veces no desaparece.
Simplemente cambia de estado.
Parte del agua:
- se infiltra hacia los acuíferos;
- otra parte se evapora;
- otra continúa circulando lentamente bajo la superficie.
Por eso, cuando llegan períodos lluviosos, numerosas lagunas vuelven a llenarse con rapidez.
¿Por qué unas veces hay inundaciones y otras sequías?
La respuesta no depende únicamente de la lluvia.
Intervienen varios factores:
- cantidad de precipitaciones;
- intensidad de cada tormenta;
- humedad previa del suelo;
- nivel de las napas;
- capacidad de almacenamiento de lagunas y bajos;
- estado de canales y cursos de agua.
Los especialistas explican que la cuenca del Salado posee un comportamiento naturalmente alternante: atraviesa ciclos de excesos y déficits hídricos desde mucho antes de la ocupación humana. Precisamente por eso el Plan Maestro de la Cuenca del Salado busca reducir los impactos de inundaciones y sequías mediante obras hidráulicas y una planificación integral del recurso hídrico.
La producción depende del agua... y del equilibrio
La riqueza agrícola y ganadera de esta región está íntimamente ligada al funcionamiento del sistema hídrico.
Sin agua suficiente no habría pasturas ni cultivos.
Pero cuando el exceso permanece durante meses aparecen problemas:
- pérdida de superficie sembrada;
- deterioro de caminos rurales;
- aislamiento de establecimientos;
- dificultades para el traslado de hacienda;
- erosión de suelos.
Encontrar un equilibrio entre producción y conservación constituye uno de los grandes desafíos del siglo XXI.
Los arroyos: las venas del paisaje
Aunque muchas veces pasan desapercibidos, los pequeños arroyos cumplen una función esencial.
Conectan lagunas entre sí.
Transportan nutrientes.
Permiten el desplazamiento de peces y otras especies.
Además, son corredores biológicos utilizados por aves, mamíferos e insectos.
Cuando estos cursos son alterados, canalizados de manera inadecuada o contaminados, todo el ecosistema comienza a resentirse.
El desafío de la calidad del agua
No alcanza con tener agua.
También debe ser agua de buena calidad.
Diversas investigaciones realizadas en la cuenca inferior del río Salado muestran que las actividades humanas pueden modificar las características físicas, químicas y microbiológicas de los cursos superficiales y subterráneos, por lo que su monitoreo resulta indispensable para garantizar usos productivos, recreativos y ambientales.
En una región donde la agricultura y la ganadería son pilares económicos, el manejo responsable de fertilizantes, fitosanitarios y efluentes constituye una tarea compartida entre productores, organismos públicos y la sociedad.
Una nueva mirada sobre las zonas inundables
Durante décadas se intentó combatir el agua.
Hoy muchos especialistas proponen aprender a convivir con ella.
Las zonas naturalmente inundables cumplen funciones ecológicas irremplazables.
Cuando permanecen libres permiten almacenar excedentes hídricos y disminuir el riesgo para ciudades y establecimientos rurales.
Urbanizar esos espacios o modificar profundamente su funcionamiento suele trasladar el problema hacia otros sectores de la cuenca.
Una riqueza que también es identidad
Quienes nacieron en la Pampa Deprimida saben que las lagunas forman parte de la vida cotidiana.
Son escenario de pesca, turismo, observación de aves, actividades deportivas y encuentros familiares.
Pero también representan una pieza clave del funcionamiento ambiental bonaerense.
Cada espejo de agua, cada arroyo y cada bajo forman parte de un sistema mucho más complejo de lo que parece.
Comprender ese entramado es comprender también por qué nuestra región produce alimentos para millones de personas y, al mismo tiempo, alberga algunos de los ambientes naturales más valiosos de la provincia.


